Nicholas Ridley
Hugh Latimer

Sus vidas por el Evangelio de Jesús.

Inglaterra, octubre de 1555 DC.

El Dr. Nicholas Ridley fue Obispo de Rochester y luego Obispo de Londres. Nació en en año 1500.
Una de las mentes más brillantes de la Europa de su tiempo. Estudió en Cambridge, Inglaterra, y en
la Sorbona de París. Regresó a Cambridge donde comenzó a mostrar interés por el protestantismo.

Influenció grandemente a Thomas Cranmer y contribuyó a que Cranmer escribiera el "Libro de la
Oración Común". Como Obispo de Londres, Ridley fundó hospitales, escuelas e instituyó la ayuda a
los pobres.

Hugh Latimer Obispo de Worcester. Nació en el año 1485. Comenzó como un apasionado católico
romano, su conversión al protestantismo fue algo extraordinario. Estudió en la Universidad de
Cambridge donde se ganó la reputación de asceta y gran predicador.

El día en que recibió su grado universitario en teología, Latimer pronunció un vibrante sermón
dirigido contra los protestantes, especialmente contra el líder luterano Philipp Melanchthon. Entre
los que escucharon a Latimer estaba Thomas Bilney, miembro de la sociedad de evangélicos de
Cambridge.
Al terminar la ceremonia, Bilney le pidió a Latimer si podía escuchar su confesión. Latimer se
regocijó pensando que su sermón había convertido al joven evangélico. Sin pensarlo dos veces
aceptó. La "confesión" de Bilney era en realidad una enseñanza cuidadosamente elaborada. Las
palabras de Bilney hablaban del consuelo y la confianza que puede traer la Palabra de Dios.
Latimer fue tremendamente impactado y en medio de lágrimas se convirtió al protestantismo.

De ese momento en adelante, los sermones de Latimer estaban dirigidos contra la iglesia Católica y
la injusticia. Su predicación valiente le ganó el respeto del rey Enrique VIII. Pronto se convirtió en
uno de los principales consejeros del rey. Cuando se opuso a una ley dictada por Enrique VIII fue
puesto bajo arresto domiciliario por seis años. Durante el reinado de Eduardo VI floreció como el
principal predicador del protestantismo en Inglaterra.

Cuando subió al trono la reina María I, Latimer fue encarcelado y condenado a la hoguera
juntamente con Nicholas Ridley y Thomas Cranmer.

El día de la muerte de Ridley y Latimer, el Dr. Nicholas Ridley fue el primero en entrar al lugar de
ejecución. Alzó sus manos al cielo, se volvió a su compañero en la fe y en el suplicio. Lo abrazó y le
dijo: "Hermano Latimer, tenga ánimo; Dios apagará la furia de las llamas, o nos dará fortaleza para
soportarlas".

Los dos hombres caminaron hacia el poste donde serían quemados, se arrodillaron y oraron
intensamente.

Después de orar, Ridley le pidió al vicecanciller de Oxford que le permitiera decir "dos o tres
palabras".

Uno de los consejeros del vicecanciller le dijo: "Dr. Ridley, si renuncia a sus opiniones equivocadas
no sólo podrá hablar, también salvará su vida".

La respuesta de Ridley fue categórica: "Nunca".

El vicecanciller dijo: "Si no renuncia, tendrá que sufrir lo que merece".

El mártir respondió: "Mientras tenga aliento, nunca negaré a Cristo mi Señor".

Inmediatamente el Dr. Ridley y Latimer fueron encadenados espalda con espalda dejando el poste
en medio de los dos.

Apilaron leña seca alrededor de los dos hombres y pusieron fuego a los pies del Dr. Ridley. En ese
momento Latimer le dijo: "Sea valiente Dr. Ridley, actúe como el hombre que es. Hoy encenderemos
un gran fuego que por la gracia de Dios espero que nunca se apague en Inglaterra".

Cuando el Dr. Ridley vio que las llamas avanzaban hacia sus piernas gritó: "En tus manos
encomiendo mi espíritu, Señor recibe mi espíritu". Mientras se quemaba siguió repitiendo: "Señor,
Señor, recibe mi espíritu".

Hugh Latimer clamó: "Oh Padre del cielo, recibe mi alma". Latimer murió casi al instante,
aparentemente sin padecer mayor dolor.

Debido a que alrededor de Ridley la leña no fue bien puesta, sólo se quemó de la cintura para
abajo. Su agonía fue muy prolongada y varias veces clamó pidiendo a los que veían que hicieran
que el fuego le llegara a todo el cuerpo. En medio de su dolor, fueron muchas las veces que dijo a
gran voz: "Señor, ten misericordia de mí".

Tan pronto como el fuego le llegó a la pólvora que le habían colgado al cuello, Ridley ya no se
movió más. Rápidamente su cuerpo terminó de quemarse y finalmente cayó al suelo partido en dos.
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