Margareth Clitherow

Inglaterra, marzo 25 de 1586 d.C.

Margareth Clitherow nació en 1553 en el seno de una familia evangélica protestante de York. Se
casó con un comerciante en 1571. Tres años después se convirtió al catolicismo romano aunque su
esposo siguió siendo evangélico.

En los primeros días de marzo de 1586 fue apresada por ayudar a algunos sacerdotes católicos.
Durante su juicio se negó a declararse culpable. La pena por negarse a aceptar los cargos que le
hacían era morir aplastada por enormes piedras. Ninguno quería testificar en contra de Margareth,
ni siquiera sus vecinos protestantes.

Margareth dijo: "Estoy totalmente convencida en todo lo tocante a mi fe. Creo solamente en Jesús el
Cristo. Creo que soy salva por Él solamente. Aunque un ángel viniera del cielo y me predicara otra
doctrina, como dice el apóstol, yo no la recibiría".

Para Margareth no significaba nada que el rey o la reina de turno fuera católica o protestante.

Su fe estaba en Cristo y no en lo que hicieran o dijeran los hombres.

El 25 de marzo de 1586 fue puesta en la plaza y le colocaron encima una pesada puerta de roble,
sobre la puerta pusieron las enormes piedras que resquebrajaron sus huesos.
Los que presenciaban la ejecución oyeron el ruido de los huesos al quebrarse bajo el peso de las
piedras y a Margareth decir: "Jesús, Jesús, Jesús, ten misericordia de mi". Su cuerpo fue dejado a
la vista de todos desde las 9 de la mañana hasta las 3 de la tarde.

Relatos como el de Margareth nos hacen recordar que los excesos no son particulares de un grupo
religioso. Sea quien sea el perseguidor, no puede justificarse la intolerancia y la opresión.

En el nombre de Dios o de un sistema religioso, se han cometido inmensas barbaries y se han
cegado millones de vidas inocentes. Para Dios la religión no tiene ningún valor si hace a un lado la
dignidad del ser humano. Todos los abusos que se han cometido en la historia de la iglesia, más
que para conservar la "pureza" de la religión se han cometido para conservar el poder temporal.
La venganza es algo que el cristiano no debe buscar. (Deuteronomio 32:35, 32:43; Jer. 51:6, 51:11;
Joel 3:21; Miqueas 5:15; Romanos 12:19; 1ª Tesalonicenses 4:6; Hebreos 10:30).
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