Joan Waste
Derby, Inglaterra. Año 1550 d.C.
El harapiento viejo alzó la vista cuando la jovencita entró a su celda. La constancia de ella era
admirable. Aunque era totalmente ciega, Joan Waste iba a buscarlo todos los días sin importarle si
lloviera o si hacía sol. "Hola John Hurt", le dijo ella con alegría. Mostrándole un pequeño libro le dijo:
¿Puede leerme hoy?
¿Qué capítulo quiere oir? le dijo el viejo con una sonrisa. Joan era la única persona que llegaba a
verlo. Cada día de visita era algo muy esperado para aquel hombre.
Aunque Joan había nacido ciega nunca fue ociosa. Cuando era una niña ayudaba a su padre a
hacer lazos. Luego cuando tenía doce años aprendió a tejer calcetines. Practicó y practicó hasta
que logró tejer bien.
Durante el reinado del rey Eduardo, en las iglesias se comenzó a leer la Biblia en inglés en vez de
latín. Joan iba todos los días a la iglesia para escuchar las lecturas bíblicas que tanto habían
cambiado su vida. Tenía un enorme deseo de comprender las escrituras y las llevaba grabadas en
la memoria. Aunque no podía leer y aunque los Nuevos Testamentos eran caros, decidió comprarse
uno. Joan era de familia muy pobre por lo que le tomó un largo tiempo reunir el dinero.
Después de haber adquirido su preciado tesoro, tenía que hallar alguien que quisiera leer para ella.
Fue entonces cuando conoció a John Hurt que le ofreció leerle un capítulo al día.
Los días en que Hurt estaba muy enfermo para leer, Joan le pagaba a otras personas para que le
leyeran. Por otro lado, la memoria de Joan era privilegiada y pronto logró familiarizarse con la Biblia.
A la edad de 22 años se sabía muchos capítulos de memoria.
Cuando la reina María I la sanguinaria subió al trono de Inglaterra, decretó varias leyes que
prohibían la tenencia de una Biblia o un Nuevo Testamento en inglés. Joan fue llevada ante el
obispo a causa de sus creencias, se le acusó de hereje y fue puesta en prisión.


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