Jim Elliot, Pete Fleming, Ed McCully, Nate Saint y Roger Youderian
¿Por qué ha de oír alguien dos veces, mientras que hay tantos que nunca han escuchado el evangelio?

Quienquiera que seas y dondequiera que te encuentres, en cualquier situación que creas que estás haciendo la
voluntad de Dios, vive al máximo.
Jim Elliot.

La vida y muerte de Jim Elliot y su grupo es el testimonio de un grupo de jóvenes cristianos
dedicados a buscar y sobre todo a hacer la voluntad de Dios. Elliot fue un cristiano decidido a vivir
un cristianismo intenso. Un hombre de Dios, decidido a vivir al máximo cada momento.

Nació el 8 de octubre de 1927 en Portland, Oregon. Hijo de Fred y Clara Elliot. Tuvo dos hermanos
de nombre Robert y Herbert y una hermana llamada Jane. Su padre era un predicador itinerante
interdenominacional y su madre trabajaba como quiropráctica. El hogar de los Elliot era
constantemente visitado por misioneros. A la hora de la comida, esos hombres que Elliot veía del
tamaño de gigantes y con talla de héroes, compartían con la familia las historias de lo que les
tocaba vivir en tierras lejanas. Todas esas historias tuvieron gran influencia en la familia y
especialmente en Jim, que estaba dispuesto a ser un misionero.

Con el propósito de mejorar su condición física y prepararse para los rigores de la vida misionera,
Jim dedicó buena parte de su tiempo al deporte y llegó a ser campeón de lucha olímpica. Durante
esos años, también comenzó a predicar en cárceles, calles y donde se presentara la oportunidad.

Asistió a la famosa universidad Wheaton College, en Wheaton, Illinois, donde se especializó en
griego y se graduó con los más altos honores en 1949. Mientras estaba todavía en la universidad
escribió: “¿Me pregunto si soy ignífero? Señor tu palabra dice que haces a tus ministros llama de
fuego, líbrame de ser asbesto. Satúrame con la unción de tu espíritu para que pueda ser llama”.

Durante sus años de estudiante universitario mostró grandes dotes de escritor, orador y maestro.
Muchos de sus amigos trataron de convencerlo que sus dones debían ser concentrados en edificar
la iglesia en los Estados Unidos. Uno de ellos le dijo: “Jim, no es necesario que vayas al África o a la
jungla de Sur América. Con tus credenciales académicas puedes hacer una exitosa carrera en
cualquier ciudad de los Estados Unidos”. Jim le respondió: “Si comienzo a preocuparme por mi
bienestar económico nunca voy a hacer la voluntad de Dios. Mi llamado está entre los que nunca
han escuchado el evangelio, sé que mi llamado está en el campo misionero de Latinoamérica”.

En junio de 1950 Jim conoció a Elisabeth Howard, quien llegaría a ser su esposa. Al mes siguiente,
conoció al Dr. Wilfred Tidmarsh, misionero destacado en Ecuador. Entre las experiencias de
Tidmarsh estaba su trabajo con la tribu de los quechuas y algunos encuentros con los caníbales de
la temida tribu Huaorani en ese tiempo conocida como los aucas.

Después de orar y buscar la dirección de Dios, Elliot le escribió al Dr. Tidmarsh ofreciéndose como
voluntario para trabajar en el campamento “Shandia” que en ese momento estaba abandonado.

En septiembre de 1,950 Elliot le dijo a Ed McCully, que fue su compañero de universidad, y a Bill
Cathers: “El viaje a Sur América es bastante caro, es necesario que reunamos dinero y equipo para
nuestro trabajo”. Comenzaron a reunir fondos para su esfuerzo misionero. Predicaban en
universidades, grupos juveniles e iglesias. También abrieron un programa de radio llamado “La
marcha de la verdad”. A finales de octubre se unió al grupo otro jóven de llamado Pete Fleming.
A finales de 1,951, poco más de un año de preparativos había terminado. Los jóvenes misioneros
estaban más que listos para su viaje a Ecuador. El 4 de febrero de 1,952 salieron en el barco Santa
Juana, llegaron a Quito el 27 de febrero. Elisabeth, la novia de Jim llegó a Quito en abril con otro
grupo de misioneros que estudiarían el idioma y las enfermedades tropicales al tiempo que
conducirían clínicas médicas en áreas remotas.

En junio de 1952 Elliot y su grupo hicieron un reconocimiento aereo del área donde se asentaban
las tribus Quecha y Huaorani usando una avioneta de la asociación de pilotos misioneros (MAF por
sus siglas en inglés). En esos días los huaoranis (temidos por sus crueles costumbres y su
canibalismo) habían matado a varios extranjeros.

La noticia de la masacre corrió como reguero de pólvora. Cuando Jim se enteró llamó a sus amigos
y dijo: “Los huaoranis asesinaron a un grupo de extranjeros. Si esa tribu conociera el evangelio, es
seguro que abandonaría sus prácticas canibales. No estamos aquí para condenar a ese pueblo,
nuestras ordenes son: ...predicad el evangelio a toda criatura”.

En septiembre de ese año Jim Elliot y Pete Fleming se instalaron en lo que quedaba del
campamento misionero de Shandia. El 8 de octubre de 1953 cuando Elliot cumplía 26 años se casó
con Elisabeth en Quito, la capital de Ecuador. Como el campamento Shandia había sido casi
totalmente destruido por una inundación, el hogar de los Elliot fue una pequeña carpa ubicada en
Puyupungu.

Mientras estaban en Puyupungu abrieron una escuela para niños quechuas. Construyeron una
pista aerea y reconstruyeron el campamento Shandia a donde se pasaron a vivir. Jim y Elisabeth
tuvieron una preciosa niña de nombre Valerie. La niña nació en suelo ecuatoriano el 27 de febrero
de 1955.

En septiembre de 1955 Jim y su grupo se adentraron en la selva y localizaron las primeras chozas
huaorani en las cercanías de Arajuno. Los huaorani o aucas acababan de asesinar a una mujer
quechua con sus dos hijos por lo que Jim y su grupo decidieron acelerar sus planes y establecer
contacto con ellos a la mayor brevedad. Jim decía: “Sólo el evangelio de Jesucristo puede cambiar a
los aucas.  Nuestra tarea es presentarselos de forma sencilla. El Espíritu Santo es el encargado de
obrar en sus corazones”.

Con el propósito de atraer la atención de los recelosos aucas comenzaron a dejar caer sobre la
aldea algunos presentes como trastos, botones, machetes, fotos, etcétera. Con el avance de los
planes, invitaron a otro misionero conocedor de las costumbres indígenas llamado Roger
Younderian. Para entonces eran cinco hombres los que harían contacto con los nativos. Hicieron
numeros vuelos rasantes sobre la aldea hablándoles en auca por medio de altoparlantes.
Finalmente, el 2 de enero de 1956 hallaron un lugar donde aterrizar a orillas del río Curaray. Los
aucas respondieron a sus regalos con presentes de plumas de colores y loros. Hicieron cuatro
viajes llevando suministros y un radiotransmisor. Después de contruir una choza de ramas donde se
establecieron comenzaron a llamar a los huaorani. Cuatro días después se acercaron dos mujeres y
varios jóvenes huaorani. A uno de los jóvenes a quien llamaron “George” le dieron un paseo en
avioneta. El próximo día fue tranquilo, sin contactos con los indígenas ni eventos significativos.

El domingo 8 de enero de 1956 Jim Elliot, Pete Fleming, Ed McCully, Nate Saint y Roger Youderian
celebraron un servicio con alabanzas, oración y la Palabra de Dios. A las 12:30 PM después del
servicio avisaron a sus esposas que esperaban tener contacto con los huaorani a eso de las tres
de la tarde y que les llamarían a las cuatro y media.

La llamada de radio jamás llegó. Las mujeres dieron aviso a las autoridades que comenzaron la
búsqueda por aire. Al sobrevolar el área sólo veían los restos de una avioneta dañada y el
campamento desierto.

El equipo de búsqueda y rescate que avanzaba por tierra se unió a los equipos de rescate que
llegaron por aire el 13 de enero (cinco días después) a la playa del río Curaray. El cuerpo de Jim
Elliot y sus cuatro compañeros fueron hallados río abajo. Los habían matado con lanzas y
machetes. El reloj de Nate Saint se detuvo a las 3:12. Las muertes de los cinco misioneros fueron
reportadas por todo el mundo y hoy se les recuerda junto a otros mártires del siglo XX.

En 1959 las esposas de Jim Elliot y Nate Saint, Elisabeth Elliot y Rachel Saint volvieron a la jungla y
vivieron entre los huaorani donde llevaron a muchos de ellos al conocimiento de Cristo. Años
después de la muerte de sus esposos, los nativos les contaron que “George” les había dicho que
los hombres blancos planeaban comerse a los Huaorani, por eso los habían matado.

La vida y muerte de Jim Elliot y su grupo inspiró a miles de jóvenes norteamericanos que siguieron
su ejemplo y dedicaron toda su vida al trabajo misionero alrededor del mundo.
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