Cipriano de Valera
El hereje español

Cipriano de Valera, llamado "el hereje español" escribía con gran soltura y fecundidad. Publicó una
traducción de las instituciones o catecismo de Calvino. Él y otros audaces luteranos tenían como
objetivo su propio país; trataban de introducir la Palabra de Dios en castellano a España,
desafiando con audacia la ira del Santo Oficio y del rey Felipe II.

Por el año 1588, en una mañana de julio, los vecinos de la calle que conducía a una de las cárceles
de Londres contemplaban un espectáculo novedoso.

Un gran número de hombres, encadenados y bajo la vigilancia de soldados ingleses, eran llevados
a la prisión. Sus rostros, su lenguaje y hasta sus vestidos denotaban que eran extranjeros, al
caminar mecían sus cuerpos en la forma característica de aquellos que descienden a la mar en
navíos.

No tardó en pasar la caravana y los marineros se perdieron tras los muros de la lóbrega cárcel. Las
paredes eran húmedas, había mucha suciedad, ratas, insectos y enfermedades; posiblemente
hasta les esperaba la muerte. Aquellos hombres se sentían totalmente desanimados al verse en
tales condiciones.

Eran españoles y hacía pocas semanas que habían salido de su tierra formando parte de la
“Armada Invencible”. La formidable armada que envió Felipe II para vencer a los herejes ingleses.

La “Armada Invencible” fue vencida y casi aniquilada. Sólo una tercera parte de los barcos pudo
regresar a España, el resto quedó en el fondo del mar.

Los marineros salieron de España llenos de expectativas, pensaban entrar triunfalmente a
Inglaterra y llevarse honores de conquistadores. Ahora se encontraban hacinados como vulgares
criminales, abandonados en una cárcel de Londres.

El inglés era para ellos un idioma de bárbaros, una lengua de luteranos y piratas. Echaban de
menos el sol y el aire de España. Pensaban en sus seres queridos, a quienes posiblemente nunca
más verían. Todo los hacía sentir abatidos y abandonados. De pronto, se abrió una puerta y entró
al lugar un hombre pequeño acompañado por el alcaide de la cárcel. Los españoles ni siquiera
levantaron la vista. Sin duda sería algún inglés que había llegado para mofarse de su miseria.

De pronto, el recién llegado les comenzó a hablar en español. Un español perfectamente articulado,
con un leve acento andaluz. Fue una sorpresa muy grata para los prisioneros. Todos se pusieron
de pie y lo rodearon. Comenzaron a preguntarle: ¿Cuánto tiempo estarían presos? ¿Habría forma
de conseguir ropa y medicinas? El visitante les respondía con amabilidad y paciencia.

La alegría que emanaba el recién llegado tocó a cada prisionero. Mientras les hablaba, el visitante
hacía una lista de las necesidades de sus compatriotas. Se marchó prometiendo conseguir todo lo
que fuera necesario.

Los visitaba todos los días, conversaban y luego les leía alguna porción del libro que el rey de
España Felipe II había prohibido, la Biblia. Les hablaba de aquel Señor Jesús cuya paz podía hacer
que los hombres se gozaran no importando que estuvieran en la cárcel y el destierro.

Pronto los prisioneros supieron que su visitante era Cipriano de Valera, que había tenido que huir
de España por la persecución religiosa. La semilla sembrada en la cárcel sin duda tuvo buen fruto.
Los marineros españoles, cuando por fin volvieron a su patria, llevaban una idea muy diferente
respecto a lo que eran y lo que enseñaban los “herejes protestantes”. Algunos de ellos habrían
abierto su corazón para recibir la Salvación en Jesús. Un tesoro que era más valioso que todo el
imperio de Felipe II.

Cipriano de Valera nació en Sevilla en 1532. Aún siendo muy joven ingresó al monasterio de San
Isidro del Campo. Muchos de los monjes de esa congregación se convirtieron al protestantismo y
pronto aquel monasterio se convirtió en uno de los bastiones de la Reforma en España. Valera
conoció la verdad por medio del Dr. Egidio y por medio de Garci-Arias a quien llamaban el doctor
blanco. Después de su conversión, Valera se vio obligado a huir de España junto a otros frailes.

Valera se fue a Inglaterra donde, según su detractor Menéndez y Pelayo, se casó. Si Cipriano de
Valera hubiera seguido en la iglesia Católica, si hubiera sido el más corrupto de los frailes
españoles, no lo habrían tachado de lujurioso. Pero como en el momento que conoció la verdad del
Evangelio decidió dejar los hábitos religiosos y se casó con una mujer honrada, entonces se
transforma en inmoral. ¡Extraña moral y extraña la lógica la que muestra a veces la iglesia católica!

Valera ingresó a la Universidad de Cambridge donde obtuvo el título de Bachiller y Maestro en
Artes. Luego continuó estudiando en la Universidad de Oxford. En 1597 publicó una traducción de
“La Institución de Calvino” en la que incluyó su propia introducción. En 1599 publicó su libro “El
Papa y la Misa”.

De todos sus trabajos, el más conocido es la revisión de la Biblia de Casiodoro de Reina, en la que
se encuentra un prólogo, del cual reproducimos una parte:































































En 1596, Valera publicó el Nuevo Testamento en Inglaterra. La Biblia completa la publicó en 1,602.
Muy poco se sabe de lo que pasó después con Cipriano de Valera. Según una carta de Jacobo
Arminio podemos deducir que Cipriano pasó muchas penurias y murió en la pobreza.

En 1625 Enrique Lorenzi hizo una nueva edición del Nuevo Testamento de Valera sin modificación
alguna. Dos siglos después Sociedades Bíblicas comenzó a imprimir el trabajo de Valera en lo que
hoy conocemos como la versión Reina-Valera, de la que se han impreso cantidades fabulosas.
El trabajo que yo he tomado para sacar a luz esta
obra ha sido muy grande, y de muy largo tiempo:
y tanto ha sido mayor, quanto yo he tenido menos
ayuda de alguno de mi nación que me ayudasse,
siquiera a leer, escrevir o corregir. Todo lo he
hecho yo solo. Ha plazido a mi buen Dios de
tomarme por instrumento (aunque indigno y
insuficiente) para acometer una tan grande
empresa, y darme fuerczas y ánimo para no
desmayar en mitad del camino, y dar con la
carga en tierra.

Demás desto, Satanás recelándose del daño
y ruyna que esta Biblia española causará
en su reino, ha procurado por las vias possibles
(conforme a su maldito odio y rancor que tiene
contra Dios y su gloria) y con nuevas
estratagemas y ardides impedirla.
Mas con todo esto no ha podido salir con la suya.
Porque nuestro Dios (cuya causa en esta obra
se trata) le ha tenido las riendas y le ha de tal
manera sofrenado con el freno de su potencia,
que no ha hecho sino lo que su Magestad le
ha concedido que hiziesse. Y aun esto ha sido
para exercitar mi paciencia y augmentar mi fe en
él, que por su misericordia me ha dado.

Yo siendo de 50 años comencé esta obra; y en
este año de 1602 en que ha plazido a mi Dios
sacarla a luz, soy de 70 años (edad es esta en
que las fuerzas desfallecen, la memoria se
entorpece y los ojos escurecen). De manera que
he empleado 20 años en ella. Todo el qual
trabajo doy por muy bien empleado. Mi intento
ha sido servir a mi Dios y hacer bien a mi nación.
Y qué mayor bien les puedo hacer que presentarles
el medio que Dios ha ordenado para ganarle ánimas,
el cual es la lección de la Sagrada Escritura? Aquí
se dan buenas nuevas a los pobres; aquí se da
la medicina para sanar a los quebrantados de corazón;
aquí se pregona a los captivos libertad y a los ciegos
vista; Aquí se publica el año agradable del Señor;
Aquí los tristes son consolados, y lo demás que
dixo Esaías cap. 61. Y el Señor lo alega. Luc. 4:18.
Plega a su Magestad quiera por su Christo
acceptar es mi Minchah, este sacrificio vespertino,
que yo le offrezco en mi vejez. Suplícole bendiga
esta su obra, para que su sacrosancto nombre,
el qual es anunciado en ella sea santificado en España,
como lo es en otras naciones. Esta Biblia fué
imprimida con la ayuda y assistencia de pía gente.
He dicho esta para que su memoria sea eterna;
y para que otros a su exemplo se ocupen de semejantes
obras de piedad. Hazer esto es juntar (como el Señor
nos manda, Mat. 6.20) thesoros en el cielo donde
ni polilla ni orín los come; y donde ladrones no
minan ni hurtan. ...y assi seays salvos por la
sangre de aquel Cordero sin manzilla que se
sacrificó a si mismo en el ara de la cruz para
alcanzaros perdón de vuestros pecados delante
del Padre. Assi sea. Vuestro hermano en el Señor
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