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Oscar A. Domínguez L. Quetzaltenango, Guatemala C.A.
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Las 95 tesis de Martín Lutero

1 Cuando el Señor Jesucristo dijo "Arrepiéntanse" (Mat. 4:17), quería que la vida entera de los
creyentes fuera de arrepentimiento.
2 Esta palabra no puede ser comprendida como el sacramento de la penitencia, o sea confesión y
satisfacción, tal como lo administra el clero.
3 Y no significa solamente arrepentimiento interior; ya que el arrepentimiento interior es inutil a
menos que produzca alguna mortificación externa de la carne.
4 La pena del pecado permanece mientras permanezca el aborrecimiento de sí mismo (esto es, el
verdadero arrepentimiento interior), hasta que entremos al reino de los cielos.
5 El papa no desea ni puede remitir ninguna pena exepto las impuestas por su propia autoridad o
la autoridad de los cánones.
6 El papa no puede remitir ninguna culpa, excepto declarando y mostrando que ha sido remitida
por Dios, o remitiendo culpa en casos reservados a su juicio. Si su derecho de conceder la
remisión en esos casos fuera hecho a un lado, la culpa ciertamente permanecería sin ser
perdonada.
7 Dios no le remite la culpa a nadie a menos que al mismo tiempo lo humille en todo y lo sujete al
vicario, al sacerdote.
8 Los cánones penitenciales son impuestos solamente a los vivos, y de acuerdo a los cánones
mismos, nada debe ser impuesto a los muertos.
9 Por lo tanto, el Espíritu Santo por medio del papa es bondadoso con nosotros ya que en sus
decretos siempre hace excepción del artículo de muerte y necesidad.
10 Los sacerdotes actuan ignorante y perversamente, cuando los que están agonizando son
todavía cargados con penalidades canónicas para el purgatorio.
11 La cizaña de cambiar las penitencias canónicas por la penitencia en el purgatorio
evidentemente fue sembrada mientras los obispos estaban durmiendo (Mat. 13:25).
12 Anteriormente las penitencias canónicas eran impuestas no después sino antes de la
absolución, como pruebas de verdadera contrición.
13 Los que mueren son librados de toda penalidad por la muerte, en lo que concierne a las leyes
del canon ya están muertos, y tienen el derecho de ser liberados de ellas.
14 Una piedad o un amor imperfectos de parte de la persona que está muriendo necesariamente
trae gran temor. A menor amor, mayor temor.
15 Este miedo o terror es suficiente en sí mismo, por no mencionar otras cosas, para constituir la
penitencia del purgatorio, ya que es muy cercano al horror de la desesperación.
16 El infierno, el purgatorio y el cielo parecen diferir de la misma forma que la desesperación y el
miedo difieren de la certeza de la salvación.
17 Para las almas del purgatorio parece que el miedo necesariamente disminuye y el amor
aumenta.
18 Es más, ni la razón ni la escritura prueban que las almas que están en el purgatorio se
encuentren fuera del estado de mérito, o sea, incapaces de crecer en amor.
19 Tampoco se ha probado, que las almas del purgatorio, o al menos no todas, se hallen seguras
de su propia salvación, aunque nosotros mismos podamos estar enteramente seguros de ella.
20 Por tanto el papa, cuando usa las palabras "plena remisión de toda pena", no quiere decir
realmente "de toda pena", sino sólo de aquellas impuestas por él mismo.
21 Por tanto, los que predican que el hombre es absuelto de toda pena y salvo por las
indulgencias del papa están en un error.
22 De hecho, las penitencias que el papa perdona a las almas del purgatorio, de acuerdo al canon
de la ley ya han sido pagadas en vida.
23 Si el perdón de todo pecado y penitencia pudiera ser extendido a alguien, ciertamente sería
dado a los más perfectos, o sea, a muy pocos.
24 Por esta razón, la mayoría de la gente es engañada por la promesa indiscriminada de perdón
de penitencias.
25 El poder que tiene el papa sobre el purgatorio, corresponde al que tiene cualquier obispo o
cura sobre su diócesis o parroquia.
26 El papa hace muy bien cuando concede perdón a las almas del purgatorio, no por el poder de
las llaves que no tiene, sino por medio de la intercesión que se hace por ellos.
27 Predican doctrinas humanas cuando dicen: “tan pronto como suenan las monedas en el arca,
las almas salen volando del purgatorio”.
28 Es cierto que cuando suenan las monedas en el arca, la avaricia puede aumentar; pero cuando
la iglesia intercede, el resultado está solamente en las manos de Dios.
29 Quien sabe si todas las almas del purgatorio desean ser redimidas, ya que según la leyenda
tenemos las excepciones de San Severino y San Pascal.
30 Nadie está seguro de la integridad de su propia contrición, mucho menos de haber recibido total
remisión.
31 El hombre que compra indulgencias es tan raro como el que es realmente penitente.
Ciertamente es en extremo raro.
32 Los que creen estar seguros de su salvación porque tienen indulgencias serán eternamente
condenados, juntamente con sus maestros.
33 El hombre debe permanecer en guardia contra aquellos que dicen que el perdón del papa es
un don de Dios, por medio del cual el hombre es reconciliado con Dios.
34 Las gracias de las indulgencias sólo tienen que ver con las penas sacramentales establecidas
por los hombres.
35 Los que enseñan que la contrición no es necesaria de parte de los que intentan sacar almas
del purgatorio o comprar privilegios de confesión predican una doctrina no cristiana.
36 Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene el derecho de recibir perdón completo de
pecado y remisión completa de culpa, aunque no tenga cartas de indulgencia.
37 Cualquier cristiano verdadero, sea vivo o muerto es partícipe de las bendiciones de Cristo pues
es una dádiva de Dios, sin necesidad de indulgencias.
38 Sin embargo, la remisión y bendición papal no deben ser despreciadas, pues son, como dije en
la tesis No. 6 una proclamación de la remisión que viene de Dios.
39 Es muy dificil, aun para los teólogos más capaces encomendar a la gente las indulgencias y a la
vez la necesidad de una verdadera contrición.
40 El cristiano verdaderamente contrito busca y ama pagar penitencias por sus pecados. Mientras
que las indulgencias relajan las penitencias y dan lugar para que los hombres las odien.
41 Las indulgencias papales deben ser predicadas con precaución, no sea que la gente
equivocadamente piense que son preferibles a otras buenas obras de amor.
42 Los cristianos deben ser enseñados que el papa no piensa que la compra de indulgencias debe
de alguna manera ser comparada con los actos de misericordia.
43 Los cristianos deben ser enseñados que aquel que da a los pobres o presta al necesitado hace
algo mejor que aquel que compra indulgencias.
44 Ya que el amor crece con las obras de amor, el hombre se hace mejor por medio de las obras
de amor. Las indulgencias no hacen mejor a ningún hombre, simplemente lo libran de penitencias.
45 Los cristianos deben ser enseñados que aquel que ve pasar a un necesitado y no le ayuda,
sino prefiere usar su dinero para comprar indulgencias, no compra indulgencias papales sino la ira
de Dios.
46 Los cristianos deben ser enseñados que a menos que tengan más de lo que necesitan, deben
reservar lo suficiente para las necesitades de su familia y no gastar todo su dinero en indulgencias.
47 Los cristianos deben ser enseñados que la compra de indulgencias es un asunto de libre
voluntad y no un mandamiento.
48 Los cristianos deben ser enseñados que cuando el papa emite indulgencias, necesita y desea
sus oraciones más que su dinero.
49 Los cristianos deben ser enseñados que las indulgencias papales son útiles si no ponen su
confianza en ellas, pero muy peligrosas si por ellas pierden su temor de Dios.
50 Los cristianos deben ser enseñados que si el papa supiera de las exacciones que cometen los
predicadores que presentan al pueblo las indulgencias, preferiría quemar y reducir a cenizas la
basílica de San Pedro, que construir con la piel, la carne y la sangre de sus ovejas.
51 Los cristianos deben ser enseñados que el papa quisiera y debería dar su propio dinero,
aunque tuviera que vender la basílica de San Pedro, a aquellos a quienes ciertos hombres
inescrupulosos les han arrancado dinero a cambio de las indulgencias.
52 Es vano confiar en la salvación por indulgencias, aunque el representante de las indulgencias,
o aun el papa, ofreciera su alma como garantía.
53 Son enemigos de Cristo y del papa, los que prohiben la predicación de la Palabra de Dios en
algunas iglesias para que las indulgencias puedan ser predicadas.
54 La Palabra de Dios es menospreciada, cuando en el mismo sermón, se le da el mismo o más
tiempo a las indulgencias que a la predicación de la Biblia.
55 Ciertamente es el sentimiento del papa que si las indulgencias siendo una cosa insignificante
son celebradas con una campana, una procesión y una ceremonia, el evangelio que es lo más
grande, debe ser predicado con cien campanas, cien procesiones y cien ceremonias.
56 Los verdaderos tesoros de la iglesia, no son suficientemente discutidos o conocidos entre la
gente de Cristo.
57 Es claro que las indulgencias no son tesoros temporales, pero muchos vendedores de
indulgencias no las distribuyen gratuitamente sino recolectan dinero de ellas.
58 Las indulgencias tampoco son méritos de Cristo y los santos, porque aun sin el papa, Cristo
siempre obra gracia para el hombre interior y la cruz, la muerte y el infierno para el hombre externo.
59 San Laurencio dijo que los pobres eran los tesoreros de la iglesia, pero él hablaba de acuerdo
al uso que tenía esa palabra en su tiempo.
60 Con total certidumbre decimos que las llaves de la iglesia, dadas por los méritos de Cristo, son
aquel tesoro.
61 Es claro que el poder del papa es suficiente para la remisión de penitencias impuestas por él
mismo.
62 El verdadero tesoro de la iglesia es el santísimo evangelio de la gloria y gracia de Dios.
63 Pero ese tesoro constituye para el hombre natural lo más odioso, porque hace que el primero
sea el último (Mat. 20:16).
64 Por otro lado, el tesoro de las indulgencias es más aceptable para muchos, porque hace que el
último sea primero.
65 Los tesoros del evangelio son las redes con que uno antes pescaba hombres de riqueza.
66 Los tesoros de las indulgencias son redes con las que ahora pescan la riqueza de los hombres.
67 Las indulgencias que los demagogos aclaman como la gracia más grande, lo son solamente si
promueven ganancias para ellos.
68 Sin embargo, son de verdad las más insignificantes cuando se comparan con la gracia de Dios
y la piedad de la cruz.
69 Los obispos y los curas están obligados a admitir a los comisarios de las indulgencias papales
con toda reverencia.
70 Pero más que nada deben forzar sus ojos y oídos, no sea que esos hombres prediquen sus
propios sueños y no lo que el papa los ha comisionado a decir.
71 Todo el que hable mentira respecto a las indulgencias papales sea maldito.
72 Pero bendito sea aquel que proteje a la población contra los deseos desmedidos de los
predicadores de las indulgencias.
73 Tal como el papa justamente se pronuncia contra los que por cualquier medio planean
entorpecer la venta de indulgencias.
74 Mucho más tiene como propósito pronunciarse contra los que usan las indulgencias como
pretexto para planear el menoscabo del santo amor y la verdad.
75 Considerar las indulgencias papales tan grandes que puedan absolver al hombre aunque haya
hecho lo imposible y haya violado a la madre de Dios es locura.
76 Por el contrario, en lo que a la culpabilidad concierne, decimos que las indulgencias papales no
pueden remover el menor de los pecados veniales.
77 Decir que si San Pedro fuera ahora el papa, no podría otorgar mayor gracia que las
indulgencias es blasfemia contra San Pedro y contra el papa.
78 Por el contrario decimos que éste o cualquier otro papa sea quien fuere, tiene mayores gracias
a su disposición, es decir: el Evangelio, poderes espirituales, dones de sanidad, etc. como está
escrito (1ª Cor. 12:28).
79 Decir que la cruz adornada con el escudo de armas del papa y presentada por los predicadores
de indulgencias tiene el mismo valor que la cruz de Cristo es blasfemia.
80 Los obispos, curas y teólogos que permiten que tales rumores circulen entre la gente tendrán
que responder por eso.
81 Esta predicación descuidada de las indulgencias hace difícil hasta al hombre más sabio rescatar
la reverencia que se le debe al papa de preguntas y comentarios negativos de los laicos.
82 Preguntas tales como: ¿Por qué el papa no vacía el purgatorio por amor santo y por la terrible
necesidad de las almas que están allí, si redime un infinito número de almas por causa del
miserable dinero que obtiene para construir iglesias? La primera razón sería más justa, la segunda
es muy trivial.
83 ¿Por qué continuan las misas por los muertos? y ¿Por qué no devuelve el dinero que se ha
depositado para que se hagan misas por los muertos? Si ya fueron redimidos, ¿Para qué orar por
su redención?
84 De nuevo: ¿Es de Dios esta nueva piedad que el papa por dinero permita que un hombre que
es enemigo de ellos saque del purgatorio el alma de un piadoso amigo de Dios? Por qué no liberan
por amor esa alma piadosa.
85 De nuevo: ¿Por qué los cánones penitenciales ya muertos y en desuso son satisfechos con la
emisión de indulgencias como si todavía estuvieran vigentes?
86 De nuevo: ¿Por qué el papa cuya riqueza es mayor que la del más rico Craso, no construye la
basílica de San Pedro con su propio dinero, en vez de construirla con el dinero de sus pobres
creyentes?
87 De nuevo: ¿Qué les otorga o remite el papa a aquellos que por perfecta contrición tienen el
derecho de recibir bendiciones y total remisión de pecados?
88 De nuevo: ¿Qué mayor bendición podría venir a la iglesia si el papa le otorgara a estas
bendiciones y remisiones a todo creyente cien veces al día en vez de una como lo hace hoy?
89 Ya que el papa por medio de sus indulgencias no busca dinero sino la salvación de las almas
¿Por qué suspende las indulgencias y perdones otorgados con anterioridad si tienen la misma
eficacia ?
90 Reprimir estos argumentos de los laicos por la fuerza y no por medio de la razón, es poner en
ridículo a la iglesia y al papa y hacer infelices a los cristianos.
91 Si entonces, las indulgencias fueran predicadas de acuerdo al espíritu y la intención del papa,
ciertamente todas estas dudas serían rápidamente resueltas.
92 A un lado entonces, con todos estos profetas que le dicen al pueblo de Cristo: “Paz, paz”, pero
no hay paz (Jer. 6:14).
93 Benditos sean todos esos profetas que le dicen al pueblo de Cristo !“Cruz, cruz” y no hay cruz!
94 Los cristianos deben ser exhortados a ser diligentes en seguir a Cristo que es su cabeza,
aunque tengan que sufrir un infierno de penalidades y hasta la muerte.
95 Por lo anterior, podrán estar confiados de entrar al cielo por medio de muchas tribulaciones y
no por la seguridad de una falsa paz (Hec. 14:22).